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Rosca de Reyes, deliciosa tradición mexicana

¿Sabías que la Rosca de Reyes tiene sus orígenes en tradiciones milenarias desde el Imperio Romano?. Pues sí, se presume que proviene de las ofrendas de pasteles redondos y circulares que en aquel entonces dedicaban al dios romano Jano.

En la actualidad, la decoración y la forma de la Rosca de Reyes tienen significados especiales de origen religioso, pero vamos por partes.

La Rosca de Reyes como la disfrutamos hoy, empieza a surgir hasta inicios del siglo XX, hacia 1911. Gracias a la evolución del mestizaje de la cocina y por ende de la panadería o tal vez por la influencia de las panaderías francesas y vascas tan habituales en aquella época, logró una decoración propia, que llevaría además de los higos, dátiles y nueces, el delicioso acitrón, el ate de colores y sabores, tan nuestros y por último la pasta azucarada de las conchas, que en un inicio era solamente azúcar.

Si observamos, por lo general quedan plasmados los colores patrios en la decoración y por si fuera poco, la ocurrencia de rellenarlas, primero con fruta confitada (picada y macerada en vino o licor) y después con tantas ideas y sabores como gustos.

Cada elemento o utensilio en la rosca de reyes tiene un significado: -La forma redonda (la ovalada por cuestión de elaboración), se atribuye al amor a Dios que es infinito, no tiene principio ni fin, por otro lado también nos recuerda las coronas de los reyes, que en un principio eran gorros frigios.

-La figura del niño Dios oculto entre la rosca, nos recuerda cuando María y José, tuvieron que huir y ocultarlo por la persecución del Rey Herodes.

-El cuchillo, nos habla del peligro que corría el niño Jesús al ser encontrado y asesinado, pero también

La decoración, se divide en tres vertientes: Primera: son las joyas de las coronas de los Reyes Magos.

-Segunda: es la superficialidad de las cosas materiales que nos distraen para encontrar a Jesús -Tercera: que tienen que ser de origen desértico, simbolizando el paso de María y José por el desierto para mantener a salvo al niño Dios.

Algo que pasa desapercibido son las bebidas con las que acompañamos la deliciosa rosca: el chocolate y el atole, originarios de estas tierras prehispánicas que de alguna manera representan el mestizaje de la cultura española y prehispánica, porque al final de cuentas, la Rosca de Reyes, también fue parte de la acción evangelizadora en conjuntos con las posadas, las piñatas y las pastorelas

Hoy en día a las Roscas de Reyes las rellenan de crema pastelera, de nata, de chocolate, de chantilli o de lo que la gente se les ocurra, pero de todas formas la emoción de evitar encontrar el muñequito o las figuriltas es inigualable, pues aquellos a quienes les toquen, deberán invitar los tamales el día 2 de febrero, Día de la Candelaria.

LA HISTORIA DE LA TRADICIÓN

Es en el Imperio Romano donde un juego llamado: “Fiesta del esclavo”, entre el 17 y 23 de diciembre días de descanso dedicados a Saturno (Saturnalias), Dios de la agricultura se solía recompensa a los esclavos con un pan de forma redonda y elaborado a base de dátiles e higos y endulzado con miel, a dicho pan o pastel, se le colocaba un haba dentro (representaba prosperidad), se partía en partes iguales y cada uno se le daba a elegir un pedazo, a quien le tocaba dicha legumbre, tenía la oportunidad de ser “libre” por un día o si era el caso, convertirse en un hombre libre de por vida.

En siglo IV al decretar al cristianismo como religión oficial del Imperio Romano, las celebraciones paganas fueron desapareciendo, quedando el pastel que contenía el haba para celebrar el 6 de enero, día en que los cristianos del Imperio Romano de Occidente celebraban La Epifanía (el encuentro de los Reyes Magos con el niño Jesús).

En Francia esa costumbre se convirtió en la fiesta “Le Roi de la Fave” (El Rey del Haba). Durante el Renacimiento, dicha celebración se convirtió en una tradición para la aristocracia y realeza francesa: Un niño dividía el llamado “Gateau de roi” (pastel del rey) en trozos iguales para cada uno de los habitantes de la casa, señores y sirvientes juntos, a quien le tocaba el trozo que contenía la legumbre, era nombrado Roi de la Fave, (Rey del Haba) y durante ese día era el protagonista de una fiesta donde se comía y bebía en abundancia.

Cada vez que el rey bebía de su copa, todos los asistentes debían gritar “el rey bebe, el rey bebe”; de hecho existe constancia de tal festejo, en un cuadro del pintor flamenco Jacob Jordaens. Pero, si un niño encontraba dicha semilla, adquiría el derecho a ser agasajado con mimos y regalos durante todo el día.

En el siglo XVIII, le fue heredado el trono de Rey de Francia y de Navarra a Luis XV de tan sólo cinco años y quien le encargo a su cocinero la elaboración de un pastel del haba que jamás se hubiera visto. El pastelero presentó un pan cubierto de diamantes, además otro cocinero, como sorpresa, introdujo una moneda de oro, en el ahora pan en forma de roscón perfumado con azahar. Dicha idea se extendió rápidamente y desde ese momento, el haba pasó a ser olvidada, ahora no se jugaba la libertad, sino una recompensa con más valor económico.

Y será el rey Felipe V, tío del Luis XV, fue el encargado de divulgar en España esta tradición. Rápidamente se acogió al roscón francés y su fiesta en toda la península Ibérica. Tal vez por la existencia de la llamada “Rosca de Navidad”: Bollo anisado con forma de rosca que las mujeres llevaban colgando del brazo a la Misa de Gallo para ser bendecido, por lo que fue más fácil adquirir dicha costumbre.

La tradición llegó a México en los albores de la época virreinal y es aquí donde se le dará forma a la Rosca de Reyes, elaborada por monjas con una función evangelizadora ya que las religiosas solían festejar la noche de Navidad con buñuelos y la Epifanía con sus azucaradas roscas perfumadas de agua de azahar (Costumbre francesa desde 1311).

La celebración de día de Reyes se cumplía puntualmente, y quizá la sustitución del haba o el confite por el Niño Dios, surgió porque algunas veces los invitados solían ingerir el trozo de la rosca con todo y haba o confite (en la Nueva España no era costumbre la moneda) a fin de evitar el compromiso. Lo que llevó a sustituir la “sorpresa” por un niño Dios coronado, elaborado de plata dorada, quien lo encontraba, lo vestía para llevarlo a bendecir el Día de la Candelaria (2 de febrero) o en términos litúrgicos, el día de la presentación del niño en el templo.

Esos muñequitos de plata que representaban al niño Dios, se sustituyeron por los de porcelana que venían de China o Japón, no hay dato preciso de cuándo ocurrió esto, pero pudo ser a raíz de que en España, en el siglo XIX la moneda se cambiará por una figurita de cerámica y el haba empezó a adquirir un matiz negativo en el juego, ahora al “afortunado” que le tocaba la figurita, era condenado a tener que pagar el Roscón de Reyes.

Según informaciones y datos históricos, la primera vez que se escondió uno de esos “premios” de porcelana china, fue en 1894, pero también se llegaron a esconder anillos augurando un casamiento o dedales que anunciaban una soltería de por vida.

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