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Las aguas divinas del Peñón de los Baños

Es común que cuando escuchamos la frase “vete a bañar” inmediatamente pensamos ese lugar donde las personas realizamos el aseo personal en donde se utiliza shampoo para el cabello, zacate, jabón sólido o líquido para las distintas áreas del cuerpo, el cepillo de dientes, la regadera con agua fría y caliente y la toalla. Pero en la Ciudad de México existen unos baños donde no se usa nada de esto porque son baños medicinales en donde no te vas a bañar sino a sumergirte en una tina con agua calientita que permite sentir alivio y  mejorar la salud.

Casi todos hemos escuchado que existe un lugar llamado El Peñón de los Baños, en la alcaldía Venustiano Carranza, cerca del aeropuerto, pero pocos saben que allí se encuentran Los Baños Medicinales del Peñón con sus aguas que han sido calificadas como las mejores aguas medicinales no del Peñón, ni de la CDMX, ni de la República, ni del Continente Americano, sino del mundo por sus características físico-químicas.

Este líquido sale de un manantial natural que contiene calcio, magnesio, sodio, potasio, cloruros, sulfatos, fierro, floruros, cromo, litio, aluminio y dióxido de silicio, por mencionar algunos. Son aguas sin olor –casi todas las aguas medicinales o termales despiden un olor a azufre (o huevo podrido)-, de sabor ligeramente salino y de aspecto cristalino, de tal manera que, por lo delicado de su uso, se debe hacer caso a ciertas reglas como son:

No haber ingerido alimento alguno tres horas antes de entrar a la tina; permanecer en el agua máximo 20 minutos y por una sola vez (aunque te dan una hora) porque podría ocasionar agotamiento; quitar el tapón para que se vacíe la tina;  taparse con las sábanas de manta que ofrece el lugar; reposar en el diván de 20 a 30 minutos y; atender a la llamada del personal (bañeros) que suelen verificar que todo esté bien. Al salir del cuarto se deberá permanecer cinco o 10 minutos en los sillones del pasillo.

Si en algún momento el bañista se sienta se siente mal al momento de tomar el baño –lo cual no es muy frecuente- deberá tocar el timbre ubicado en el interior del mismo para ser asistido.

Al llegar a Los Baños Medicinales del Peñón se siente esa nostalgia, ese sabor del pasado pues parece que se quedó congelado en el tiempo: se observa un gran espejo que usaba doña Carlota, esposa de Maximiliano; sillas de madera con patas de perico, una gran báscula de pie que todavía funciona, cuartos de mármol con tinas para una o dos personas y una gran lavadora y secadora de hace muchos años.

Desde siempre, la gente acude a sumergirse para disfrutar de sus aguas termales ya que se recobra energía y se encuentra alivio a ciertos males. Incluso, comentan, las doncellas que iban a ser preñadas, primero acudían al Peñón de los Baños para quedar embarazadas, cuenta el profesor Jorge Hebert Espinosa, encargado de los Baños Medicinales del Peñón.

Don Jorge es una persona jubilada que se dio a la tarea de rescatar Los Baños del Peñón junto con un grupo de maestros pensionados que, al saber que los cerrarían definitivamente, juntaron sus liquidaciones para hacerse cargo del pago de la nómina de los empleados y continuar con los beneficios que brindan estas aguas termales no sólo para ellos, sino para el público en general.

El maestro Espinosa relata que Moctezuma, Cuitlauac, Maximiliano y Carlota, Porfirio Díaz y su suegro Manuel Romero Rubio, Alexander Von Humboldt, así como muchos personajes más, llegaron al Peñón para bañarse.

Los mapas y relatos de la antigüedad dan cuenta de que El Peñón de los Baños era un islote dentro del Lago de Texcoco y que cuando se funda la Gran Tenochtitlan desaparecen poco a poco las aguas para dar paso a lo que es ahora la gran Ciudad de México. La avenida del Peñón llegaba hasta Tlatelolco y el Salto del Agua, que llegaba de Chapultepec por un acueducto, tiene ese nombre porque literalmente el agua daba un salto para continuar hacia el Cerro del Peñón de los Baños que, por cierto, era llamado Tepetzinco (tepetl, cerro y zinco, pequeño) es decir, el cerrito.

En este sitio existe una capilla del siglo XVIII. Al entrar, de frente, llama la atención un retablo con la imagen de la Virgen de Guadalupe y del lado derecho una cruz de caña de maíz conocida como El Cristo del Peñón. Cerca se encontraron los restos de la famosa Mujer del Peñón que, dicen, tiene una antigüedad de 12 mil 500 años según estudios del año 2000 realizados con el método de carbono 14.

Y, precisamente afuera de la capilla, justo al lado, Don Jorge nos señala lo que es el pozo donde brotan las aguas termales que salen muy calientes pero que, ahora son enfriadas y transportadas por tuberías para que el baño sea placentero y se aproveche al máximo.

Una leyenda más que comenta es que Malinalxochitl, hija de Coatlicue, tuvo un hijo llamado Copili, quien libró una sangrienta pelea donde le arrancaron el corazón y lo arrojaron a un lugar en el que creció un nopal con tunas y donde se posó un águila que devoraba una serpiente, señal que los mexicas tenían para fundar a México Tenochtitlan.

Los Baños Medicinales del Peñón se encuentran inmersos en la planta baja de un conjunto habitacional localizado en el boulevard Puerto Aéreo 465. Puedes llegar en el Metro Terminal aérea y tomar una combi que te deja en avenida del Peñón, caminas una calle y ves el Centro de Salud Peñón de los Baños, volteas al frente y ya llegaste.

Cabe destacar que es un servicio a la comunidad y por lo tanto el costo de recuperación para mantener este lugar es simbólico: 230 pesos por persona; jubilados y adultos mayores con credencial de INAPAN, 170, igual que los niños de 6 a 12 años. Los menores de cinco no pagan (un niño por adulto). El servicio es de seis de la mañana a ocho de la noche (porque cierran a  las nueve)

Un dato más: en El Peñón de los Baños surgieron los “sonideros”.

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